En tiempos como los actuales nos encontramos ante grandes cantidades de estímulos cuyas características son la de ser muy veloces, cambiantes y descartables. Tenemos cerca de 100 canales de televisión, cines con salas múltiples, aparatos electrónicos que deben ser reemplazados luego de cortos períodos de uso, por obsoletos o “lentos”.
Estamos en el tiempo de la comunicación en “tiempo real” y de los juegos interactivos, tiempo de relaciones virtuales y de códigos cibernéticos que en su mayoría sólo conocen nuestros hijos que están largas horas al día, casi todos los días en el “Messenger” hablando en simultáneo con todas las personas que la memoria ram de la computadora les permita sin colgarse.
Frente a todo esto existe, por otro lado, casi en contradicción, una propuesta escolarizada cuya propuesta es la de “capacitar para tener éxito en la vida”, ideal que es muy difícil sostener cuando no cuenta con los recursos como para incorporar de forma natural los estímulos que bombardean a nuestros hijos y seguir manteniendo el lugar de autoridad requerido para erigirse en modelo para los niños y adolescentes.
Las figuras de autoridad están cuestionadas, la edad ya no es asociada a sabiduría y experiencia, no, por el contrario, son descartadas por la lentitud y cautela que la acompaña y porque van en contra de la “cultura light” y la exaltación a la belleza física que rodea a nuestra juventud.
¿Qué implica todo esto? ¿En qué lugar nos deja como padres? ¿Debemos oponernos a ello de algún modo? ¿Es que es malo lo nuevo?
Son estas una serie de preguntas que vamos a tratar de abordar compartiendo nuestras experiencias, haciendo prevalecer, en el acto, el menos común de los sentidos: el sentido común.
Dr. Daniel Dreifuss
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